Cancale: las mejores ostras del mundo

Cancale

Cancale es conocida por sus ostras, así que hicimos coincidir nuestra visita con la hora de la comida para probarlas. Llegamos procedentes de Dinan, a unos 40 minutos en coche. La zona del puerto, llamado Port de la Houle, es la más animada y donde se concentran la mayoría de restaurantes. Además, es aquí donde se puede observar el espectáculo de los criaderos de ostras con la marea baja.

El puerto cuenta con numerosas plazas de aparcamiento, pero son de pago. Si no os apetece gastar dinero en aparcar estáis de suerte, hay un parking gratuito a apenas 300 metros del puerto. Si llegáis a Cancale desde el sur por la carretera D76, justo antes de entrar al núcleo urbano veréis un cartel a mano derecha que indica «Parking du Port 200 places – Gratuit«. Una vez dejéis el coche en la gran explanada habilitada como aparcamiento, un camino de apenas 300 metros os llevará directamente al puerto. Esta todo muy bien señalizado, es imposible perderse.

Un paseo por el puerto de Cancale

Tenemos la suerte de visitar Cancale en un día soleado. El paseo junto al mar resulta de lo más agradable. Las casitas de piedra con las contraventanas de madera son preciosas. El color azul, en toda su amplia gama, contrasta con el blanco, dándole un ambiente muy marinero a todo el conjunto. Algún detalle en rojo o en amarillo aporta un extra de color y un toque de alegría. La marea está baja y pequeñas barcas reposan sobre la arena de la playa. Más tarde, cuando la marea suba, los barcos de pesca regresarán a puerto cargados con las capturas del día, pero para entonces ya nos habremos marchado.

La ventaja de llegar con la marea baja es que vamos a poder contemplar en pleno funcionamiento los criaderos de ostras por los que Cancale es famosa. Pero antes toca comer y llega la parte más complicada: elegir un restaurante de entre todos los que hay. Si solo queréis probar las ostras, mejor acercaos al mercado que se instala a diario al final del puerto, frente a los criaderos.

Restaurantes especializados en ostras: decenas entre los que elegir

Si lo que queréis es comer, la oferta es amplísima. Hay restaurantes con menú del día y a la carta, la mayoría con especialidades de la zona y las famosas ostras. También hay creperías e incluso locales que incluyen en su carta hamburguesas o pizza. Si os decantáis por los restaurantes donde los productos del mar son los protagonistas, veréis que los precios de los menús suelen oscilar entre los 16 y los 24€.

Nosotros no somos precisamente unos entendidos en ostras. Al principio no entendemos lo que quieren decir los números por los que parecen clasificarse, tanto en los puestos de venta como en los restaurantes. Una breve búsqueda en internet resuelve el misterio. Las ostras se clasifican por su calibre, de 0 a 5. Las más grandes son de calibre 0, mientras que las más pequeñas tienen un calibre 5. El precio también varía, siendo las de calibre 0 las más caras, y las 5 las más baratas.

La Mère Champlain: una comida excelente

Tras pasear arriba y abajo un buen rato fijándonos en todos los restaurantes, nos decantamos por La Mère Champlain. Fue una excelente elección porque comimos de maravilla. Ya os hablamos de él en nuestro post sobre gastronomía bretona. Está en la esquina con la rue du Port, la calle que conecta el puerto con el centro urbano de Cancale. Elegimos el menú L’île des Landes, por 18,90€ por persona. Un consejo: para ahorrar en la bebida pedid «un carafe d’eau«. Os traerán una jarra de agua del grifo (muy buena) totalmente gratis.

Restaurante La Mère Champlain
Una comida con vistas al mar

Del menú elegimos un plato de degustación con ostras, almendras de mar (parecidas a un cruce entre berberecho y almeja) y unas caracolas fresquísimas y deliciosas, una sopa de pescado, una brandada de bacalao y los típicos mejillones con patatas fritas, que estaban buenísimos. De postre, un far breton y una crème brûlée. Todo muy bueno y con unas vistas al mar excelentes.

Ostras, caracolas y almendras de mar
Mejillones con patatas fritas
Sopa de pescado, brandada de bacalao, crème brûlée y far breton

Unos criaderos de ostras que desaparecen bajo el agua con la marea alta

Después de semejante festín nos acercamos a los criaderos de ostras. Durante nuestro paseo y mientras comíamos hemos estado viendo pasar tractores arriba y abajo cargados de cajas de ostras y remolcando alguna que otra embarcación. Los trabajadores van bien equipados con botas y pantalones impermeables, imprescindibles para adentrase en el cenagal que deja la marea al bajar.

Nos cuesta imaginar que todo lo que tenemos ante nuestros ojos quede completamente sumergido bajo el agua cuando sube la marea. Para haceros una idea más precisa de la envergadura real de estas granjas subacuáticas, nada mejor que echar un vistazo a las imágenes de satélite en Google Maps. Es realmente impresionante.

Un mercado con vistas al Mont Saint-Michel

Aquí, en este extremo del puerto, se instala el Mercado de las Ostras. Abre todos los días, de 9:00 a 17:00 horas. Si queréis degustar esta exquisitez, en los puestos de venta os servirán las ostras con medio limón en un plato de plástico que luego deberéis devolver. Lo más típico es sentarse allí mismo y degustarlas mientras se disfruta de las vistas, tirando luego las conchas vacías en la playa.

Y hablando de vistas, si vuestra visita a Cancale os pilla en un día de buen tiempo, fijaos bien en el horizonte. A lo lejos, diminuto pero inconfundible, el perfil del Mont Saint-Michel es perfectamente visible. Como si no hubiera ya razones suficientes para estar más que satisfechos con las horas tan estupendas que hemos pasado merodeando por aquí, estas vistas son la despedida perfecta de Cancale.

Otros rincones de Cancale

Toca regresar al aparcamiento donde hemos dejado el coche al llegar. Para no repetir el mismo recorrido vamos por el interior, por las calles secundarias paralelas al mar. Descubrimos algunas casas realmente bonitas, además de pequeñas sorpresas en forma de mural o de peculiares tótems. Hay alrededor de una decena repartidos por distintos puntos del barrio y son obra de un vecino.

Inspirado por los típicos tótems tribales norteamericanos, este artista local los adaptó a la temática local. Ha cumplido su objetivo, que no es otro que dar vida y animar las calles de Cancale. Ponemos así punto final a nuestra visita a esta bonita población para poner rumbo a Saint-Malo, la siguiente etapa de este viaje por la Bretaña.

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