Descubriendo París: Montmartre y Grands Boulevards

Sacré Coeur - Montmartre

Amanece en París y el día se presenta agradable y soleado. Es un gran cambio con respecto al día anterior, en el que estuvo lloviendo prácticamente todo el tiempo. Del recorrido que hicimos por Le Marais y Châtelet-Les Halles podéis leer más aquí. En este post vamos a desgranaros el recorrido que hicimos por Montmartre y la zona de Grands Boulevards, terminando el día en el Museo del Louvre.

Es nuestra segunda jornada en París y la vamos a comenzar con una visita a Montmartre, el barrio más encantador de la ciudad. Encaramado en lo alto de una colina, Montmartre era un municipio independiente que no fue anexionado a París hasta 1860. Gracias a eso conserva todavía un cierto aire de pueblo, con sus calles estrechas y serpenteantes por las que perderse durante horas. Hogar de artistas y gente bohemia, Montmartre adquirió mala fama durante el siglo XIX debido a la proliferación de cabarets y burdeles. Hoy en día ese mal ambiente se concentra en los alrededores de Pigalle, mientras que el corazón de Montmartre conserva su todo su romanticismo y encanto.

Sacré-Coeur: una basílica en la cima de Montmartre

El punto de partida perfecto para un recorrido por Montmartre no es otro que la impresionante basílica de Sacré-Coeur. Situada en el punto más alto de la colina, la basílica es visible desde bien lejos. De un color tan blanco que deslumbra cuando luce el sol, el Sacré-Coeur es uno de los monumentos más emblemáticos de París. La parada de metro de Anvers (línea 2) es la más cercana. Luego tan solo hay que caminar apenas 150 metros por la Rue de Steinkerque para que aparezca ante nosotros semejante belleza. Como nuestro hotel está muy cerca nos ahorramos el viaje en metro y llegamos a pie hasta allí.

Es difícil perderse una vez se sale del metro en el Boulevard de Rochechouart. Tan solo hay que seguir a las hordas de turistas que enfilan la calle en dirección al Sacré-Coeur. Por el camino se sucede una tienda de souvenirs tras otra. Es difícil resistirse a semejante bombardeo consumista, pero lo logramos. A los pies de la basílica se extiende la escalinata de aproximadamente 200 escalones que conduce hasta ella. Se trata de una zona ajardinada muy bonita, pero si os da pereza subir caminando, sabed que existe un funicular que os ahorrará la empinada cuesta. En el post que dedicamos al transporte público en París tenéis toda la información acerca de este práctico medio de transporte.

Montmartre

Unas vistas fantásticas de París

Un bonito carrusel situado al inicio de las escaleras atrae todas las miradas. Se hizo famoso gracias a la película Amélie, cuya protagonista recorre algunos de los rincones más bonitos de Montmartre. Desde la amplia terraza panorámica que se abre en la parte superior de la escalinata hay unas vistas estupendas de París.

Tras disfrutar de ellas nos ponemos a la cola para entrar al Sacré-Coeur. Hay bastante gente pero avanzamos deprisa. El acceso es totalmente gratuito, algo que nuestros bolsillos agradecen enormemente. Tan solo habría que pagar si quisiéramos subir a la cúpula o bajar a la cripta, pero hemos leído que no merece demasiado la pena, así que no vamos a hacerlo. Sobre la visita a la basílica hablaremos más detalladamente en un post específico. Tan solo os diremos que el interior es bonito, pero lo que realmente convierte al Sacré-Coeur en una auténtica joya es su exterior.

Place du Tertre: el espíritu bohemio de Montmartre

Tras esta primera visita nos dedicamos a callejear por Montmartre. Nos dirigimos a la Rue du Chevalier de la Barre, que permite contemplar la parte trasera de la basílica. Recorremos después el tramo de calle que nos conduce hasta la famosa Place du Tertre. Todo el camino está lleno de tiendas de souvenirs, restaurantes, cafeterías y pequeñas galerías de arte. No cabe un alfiler y en algunos momentos nos llegamos a agobiar a causa de la gran cantidad de gente que hay.

Montmartre

La Place du Tertre es conocida por los pintores y retratistas que exponen y venden su obra al aire libre. El ambiente es muy animado, quizá demasiado para nuestro gusto. Se hace difícil caminar a causa de la multitud y no dudamos en seguir con nuestro paseo por el barrio.

Montmartre

Montmartre

Si queréis saber más sobre el pasado artístico y bohemio de la zona, podéis visitar el Musée de Montmartre. No sabemos si merece la pena, pero podéis consultar en su web toda la información que queráis. Es increíble pensar en la cantidad de artistas, verdaderos genios de la pintura, que vivieron o trabajaron aquí. Utrillo, Van Gogh, Picasso, Delacroix, Matisse, Renoir, Degas, Toulouse-Lautrec… Todos ellos cayeron rendidos ante el encanto de este barrio de París. Y a medida que vamos conociéndolo nosotros también quedamos cautivados por el ambiente de Montmartre.

Un paseo por las calles más bonitas del barrio

Nuestros pasos nos llevan hasta la cercana Place du Calvaire y la Rue Poulbot. Dando este agradable rodeo nos hemos plantado en la que sin duda es una de las esquinas más concurridas de todo Montmartre. Se trata de la confluencia de la Rue Norvins y la Rue des Saules. Aquí está el restaurante Le Consulat. No sabemos si merece la pena desde el punto de vista gastronómico pero resulta ser de lo más fotogénico.

Montmartre

Montmartre

Lo es tanto que no somos capaces de hacer una solo foto decente, ya que no para de pasar gente arriba y abajo constantemente. A estas alturas ya nos hemos dado cuenta de que Montmartre hay que visitarlo a primerísima hora de la mañana para poder disfrutar de una cierta soledad en sus calles. Así que para nuestra próxima visita a París nos levantaremos al alba por mucho que nos cueste madrugar.

La Maison Rose: una casita rosa con mucha historia

Por la Rue des Saules llegamos a otra de las esquinas más buscadas de Montmartre. En esta ocasión se trata de la confluencia de esta calle con la Rue de l’Abreuvoir. La Maison Rose, una preciosa casita de color rosa, se encuentra justo aquí. Con su fachada rosa y sus contraventanas verdes, este restaurante es uno de los más bonitos de París. Abrió sus puertas en 1905 y aquí se dieron cita artistas e intelectuales tan importantes como Picasso, Modigliani, Edith Piaf o Albert Camus, entre muchos otros.

Montmartre

Montmartre

Siguiendo unos metros más calle abajo por Rue des Saules nos topamos con los famosos viñedos de Montmartre. Todavía se cultivan vides y se elabora vino. El inicio de la vendimia se celebra a principios de octubre, así que hemos llegado tarde para presenciar la recogida de la uva. Estos viñedos son los únicos que quedan en París, aunque antaño su superficie era mucho más amplia.

Montmartre

Montmartre

Justo enfrente de los viñedos se encuentra Au Lapin Agile, uno de los cabarets más populares en su época y el más antiguo de París. Se inauguró en 1860 y enseguida atrajo a clientela de la talla de Picasso, Modigliani, Apollinaire o Utrillo. ¿Os habéis dado cuenta de que muchos de estos de estos nombres se repiten continuamente? ¡Esta gente estaba en todos los saraos de la época! Au Lapin Agile sigue hoy en día en funcionamiento. En su página web tenéis información sobre horarios y tarifas por si os interesa asistir a su espectáculo nocturno.

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Un molino fuente de inspiración para los artistas de Montmartre

Retrocedemos hasta la Rue de l’Abreuvoir y paseamos por esta agradable calle. Allí, en su extremo final, hay un busto de la famosa cantante francesa Dalida. Para los interesados, sabed que su tumba está en el cercano cementerio de Montmartre. Este cementerio, aunque no es tan importante como el de Père-Lachaise, también reúne una buena cantidad de tumbas de ilustres ciudadanos como, por ejemplo, Stendhal, Degas, Émile Zola (posteriormente trasladado al Panthéon) o Alexandre Dumas.

Montmartre

Montmartre

Montmartre

Nos acercamos ahora hasta otro punto emblemático de Montmartre. Se trata del Moulin de la Galette, en la Rue Lepic. Es, junto con el contiguo Moulin Radet, el único molino de viento que se conserva. Ahora pertenece a un restaurante y poco tiene que ver con la escena que inmortalizó Renoir en su celebérrima obra Bal du moulin de la Galette. La única forma de contemplar el molino es desde la calle, desde donde se tiene una buena perspectiva.

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Place des Abbesses: el corazón de Montmartre

Callejeamos por allí un rato más antes de dirigirnos a Rue des Abbesses y la popular plaza del mismo nombre, que constituye el corazón de Montmartre. Aquí está la que probablemente sea la marquesina de metro más bonita de todas. Como las demás, su diseño es obra del arquitecto francés Hector Guimard. Un vendedor de castañas asadas se ha plantado justo delante con su carrito de supermercado, a la caza de posibles clientes. No es el primero que vemos, ni tampoco será el último. Nos recuerda que estamos en pleno otoño parisino, que resulta ser una época estupenda para visitar la ciudad.

Montmartre

Montmartre

Montmartre

Antes de marcharnos de la plaza nos acercamos hasta Le mur des je t’aime. Su nombre lo dice todo. Se trata de un muro de azulejos azules en los que se ha escrito «te quiero» en más de 300 idiomas. En medio de las letras vemos pequeños fragmentos de color rojo. Descubrimos que representan un corazón roto, el de una humanidad desgarrada que se quiere volver a unir en este muro. Todo el mundo busca la inscripción en su idioma para luego fotografiarse junto a su «te quiero». Hay tantísima gente concentrada en el pequeño espacio que es imposible acercarse siquiera. Nos conformamos con subirnos a un banco del parque para verlo de lejos.

Montmartre

Lo cierto es que ya es la hora de comer, así que hacemos una parada en Le Grenier à Pain (38 Rue des Abbesses). En está panadería, ganadora del premio a la mejor baguette de París, compramos dos porciones de quiche lorraine para llevar. Es una forma estupenda de economizar un poco. Ahora solo nos falta encontrar un sitio tranquilo donde sentarnos a comer.

Un ambiente desagradable en los alrededores de Pigalle

Antes de abandonar Montmartre todavía nos queda una última cosa por ver. Bajamos hasta Pigalle y vamos dando un paseo por el Boulevard de Clichy hasta llegar al famoso Moulin Rouge, situado en el número 82. Esta es la única zona de las que vamos a visitar durante estos días en París donde no nos sentimos a gusto. Toda la zona está llena de locales de striptease y sex shops. No en vano se la conoce como el «barrio rojo» de París. Además, a lo largo de todo el bulevar vemos a varios grupos de chicos con un aspecto que no inspira mucha confianza. Están allí parados, aparentemente sin hacer nada, pero nos da la impresión de que se dedican a trapichear.

Llegamos a la altura del Moulin Rouge, que de noche se ilumina y seguramente resulta más impresionante. Este cabaret ofrece espectáculos a diario. En su página web hay toda la información disponible por si os apetece asistir a uno. Es uno de los cabarets más conocidos de París, inaugurado en 1889. Sus vedettes deleitaban a los asistentes con sus bailes de can-can y sus espectáculos subidos de tono.

Galerías Lafayette: los grandes almacenes más lujosos de Grands Boulevards

Tras comer nuestra quiche lorraine en una pequeña plaza cercana retomamos nuestro recorrido de hoy dirigiéndonos hacia las Galerías Lafayette. Estos lujosos grandes almacenes, situados en 40 Boulevard Haussmann, son una auténtica joya. Comprar algo aquí es prohibitivo, pero no es eso lo que queremos hacer al entrar en el imponente edificio. Queremos admirar la enorme cúpula de cristal, que nos deja realmente con la boca abierta al levantar la vista hacia arriba. Tampoco hay que perderse la decoración de estilo Art Nouveau. La tienda ya está decorada con motivos navideños, lo que le da un aire aún más especial.

Dedicaremos un post a hablaros más detenidamente de estas galerías, pero ya os adelantamos que no os podéis perder el mirador gratuito que hay en la séptima planta. Las vistas de París son fantásticas desde aquí.

Una vez salimos de las galerías nos acercamos hasta la Ópera Garnier, que está justo al lado. El Palais Garnier se inauguró en 1875 y es realmente impresionante. Por lo que sabemos, su interior es realmente suntuoso pero no tenemos ocasión de comprobarlo de primera mano. Además de asistir a algún concierto o al ballet, también se puede visitar el interior del edificio. En la web oficial tenéis información sobre precios y horarios. Es algo que nos quedamos con ganas de hacer, así que no dejaremos pasar la ocasión la próxima vez que estemos por París.

El arte de la flânerie: deambulando por las calles de París

Nos dedicamos a pasear por la zona de Grands Boulevards, como buenos flâneurs. No dejamos de maravillarnos ante la elegancia de la arquitectura parisina. Sin duda Napoleón III acertó de lleno encargando al Barón Haussmann la ambiciosa reforma urbana que hizo de París una de las ciudades más bonitas y modernas de Europa.

Vamos en busca de una tienda muy especial, que finalmente encontramos en 35 Rue de Faubourg Montmartre. Se trata de À la Mère de Famille, declarada monumento histórico. Fue fundada en 1761 y es el lugar perfecto para comprar bombones o dulces de todo tipo. Tiene una de las fachadas más bonitas de París, y su interior tampoco se queda atrás.

Los pasajes y galerías cubiertas más bonitos de París

Para llegar al próximo lugar que nos interesa visitar, nuestro recorrido nos lleva a algunos de los pasajes y galerías cubiertas más bonitos de la ciudad. De ellos os hablaremos con detenimiento en otro post, pero si tenéis ocasión de pasear por ellos no dudéis en hacerlo. Se remontan al siglo XIX y eran de gran utilidad en los días de lluvia o durante el frío invierno. Así, las damas y caballeros podían pasear o ir de compras sin sufrir las inclemencias del tiempo.

El primero por el que pasamos es el Passage Jouffroy (10-12 Boulevard Montmartre), que enlaza con el contiguo Passage des Panoramas (11 Boulevard Montmartre). Los suelos de mosaico hidráulico y las cubiertas de hierro y cristal nos transportan inmediatamente a otra época. Os recomendamos totalmente que visitéis tantos de estos pasajes como podáis: son todos realmente bonitos.

Uno de los secretos mejor guardados de París: la Salle Labrouste

Hacemos una parada en nuestra ruta por los pasajes parisinos para conocer uno de los lugares más especiales y poco visitados de la ciudad. Se trata de la sala de lectura de la Bibliothèque Nationale, concretamente la de la sede que tienen en 58 Rue de Richelieu. Es la llamada Salle Labrouste, que recibe este nombre en honor a Henri Labrouste. Él fue el arquitecto artífice de la maravilla que estamos a punto de contemplar.

La entrada a la biblioteca es gratuita, evidentemente. Hay que pasar un control de seguridad para acceder y los visitantes tan solo se pueden quedar junto a la puerta de entrada, para no molestar a los usuarios que están utilizando las instalaciones. Nos avisan de que solo podemos sacar fotos generales, intentando que no salgan las personas que están allí leyendo o estudiando. Esta no es la única Salle Labrouste de París. Hay otra junto al Panthéon y la visitaremos al día siguiente. Salimos de la biblioteca encantados con este descubrimiento y no podemos dejar de recomendar esta visita a cualquier amante de los libros.

Volvemos a la calle y nos encaminamos hacia la Galerie Vivienne, en 4 Rue des Petits Champs. Tenemos la mala suerte de encontrarla en obras. Están pintando, hay andamios por todas partes y la mayor parte del suelo está tapado. Aún así nos parece la galería más bonita de todas y esperamos poder verla en un futuro en todo su esplendor.

La Galerie Vivienne está muy cerca de Palais Royal, así que este sería un buen momento para visitar los jardines. Pero decidimos no hacerlo y seguimos en dirección al Passage Choiseul. Este es el último pasaje cubierto que vamos a ver hoy. Está en 40 Rue des Petits Champs y no nos parece tan bonito como los demás.

Place Vendôme: lujo por todo lo alto

Está empezando a oscurecer y aún nos quedan muchas cosas por ver. Aceleramos el paso en dirección a la Place Vendôme. Esta plaza es conocida por la columna que hay en su centro, creada a imagen y semejanza de la Columna Trajana de Roma. Las fachadas clásicas de los edificios que rodean la plaza son muy elegantes y señoriales. La Place Vendôme es sinónimo de lujo. Aquí encontraréis las tiendas de ropa y joyerías más caras de la ciudad. Aunque es muy bonita, no es una plaza pensada para sentarse a pasar el rato. El tráfico de coches es constante y no hay árboles ni zonas ajardinadas. En cuanto a plazas de París, nuestra preferida es sin duda la Place des Vosges, muchísimo más bonita y agradable que esta y de la que ya os hablamos en el anterior post.

Nos damos prisa en llegar a la iglesia de la Madeleine antes de que se haga de noche completamente. Esta iglesia es quizá la más original de París. Construida en estilo neoclásico, su aspecto es el de un templo griego. Un lateral está en obras y hay algunos andamios y lonas que tapan varias de las columnas corintias de la fachada lateral.

Desde lo alto de la escalinata que lleva a la puerta de la iglesia se tienen unas vistas magníficas. Frente a nosotros se abre la Rue Royale y, al fondo, divisamos el obelisco de la Place de la Concorde, la fachada del Palais Bourbon e incluso la cúpula de Les Invalides. Entramos en la Madeleine y admiramos su interior austero y en penumbra.

Los mejores macarons de París

A la salida nos acercamos a la tienda de Ladurée, en 16 Rue Royale. En Ladurée hacen los macarons más famosos del mundo y no queremos marcharnos sin probarlos. En cualquier pastelería de París encontraréis macarons, seguramente más económicos que aquí, pero no sabemos si estarán igual de buenos. Os aseguramos que el gasto merece totalmente la pena.

Aún nos queda una última cosa por hacer hoy: visitar el Museo del Louvre. Hoy es viernes y está abierto hasta las 21:45 horas. Aprovecharemos que suele haber menos cola a última hora para entrar a verlo. Como ya ha oscurecido del todo no podemos pasear por los Jardines de las Tullerías hasta llegar al Louvre. En cambio vamos por la Rue de Rivoli, bajo los elegantes soportales. Por el camino entramos en la Librairie Galignani (224 Rue de Rivoli), una maravillosa librería inglesa en la que nos quedamos hasta que cierran a las siete de la tarde. Sus sillones de cuero son demasiado tentadores como para no pararnos a descansar un rato mientras elegimos el libro que vamos a comprar.

En el local de al lado se encuentra el famoso salón de té Angelina. Es uno de esos lugares lujosos y refinados que no van demasiado con nosotros, pero hemos leído que su chocolate a la taza está muy bueno (aunque es muy caro). Un buen chocolate caliente nos parece una idea genial para entrar en calor, ya que desde que ha oscurecido la temperatura ha bajado bastante. Además, estamos realmente cansados porque llevamos todo el día caminando sin apenas detenernos. Pero cuando vemos la cola que hay en la puerta se nos quitan las ganas de esperar a que quede una mesa libre y nos vamos directos al museo.

Una visita al Louvre, el museo de arte más famoso del mundo

Antes de entrar al Louvre aprovechamos para sacar algunas fotos de la pirámide iluminada del exterior. Sin trípode no nos salen demasiado bien, pero no pasa nada porque mañana por la mañana regresaremos para poder verlo todo a plena luz del día.

Sabemos que a veces se forman unas colas kilométricas para entrar en el museo. Por eso os recomendamos totalmente que planifiquéis vuestra visita para un miércoles o viernes por la tarde. Cuando llegamos al control de seguridad que hay en la pirámide tan solo tenemos a un grupo de tres personas delante de nosotros. En menos de un minuto estamos dentro, maravillados por la enormidad del espacio. Las taquillas están completamente vacías, así que literalmente no tenemos que esperar ni un segundo para comprar las entradas (15€ por persona).

Un gran museo con una pinacoteca bastante pobre

Hasta última hora no hemos tenido claro si terminaríamos visitando el Louvre o no. No es el museo que más nos interesa ver en París. Antes preferimos el Orsay o el Centre Pompidou. Pero al final nos hemos animado y no nos arrepentimos. La pinacoteca del Louvre es bastante pobre, pero aún así tiene varias obras importantes. La más famosa es la Mona Lisa, que tiene un enjambre de gente a su alrededor que lamentablemente ignora otras obras mucho más interesantes.

El cuadro que nosotros buscamos, La Libertad guiando al pueblo de Delacroix, no está accesible. Se están haciendo obras en la sala donde se expone y, en vez de trasladarlo a otro lugar para que los visitantes puedan admirarlo, lo que han hecho es cerrar el acceso. Un poco decepcionados terminamos de visitar las demás salas y, completamente agotados, damos por terminado el día de hoy. Acerca del Museo del Louvre dedicaremos un post más exhaustivo y con toda la información necesaria para planificar vuestra visita. Sobre precios y horarios podéis consultar la página web del museo.

Cogemos el metro en Palais Royal-Musée du Louvre y regresamos al hotel. Por el camino paramos a cenar en un restaurante libanés y una vez en nuestra habitación nos comemos los macarons que hemos comprado en Ladurée de postre.

Un día lleno de descubrimientos

Ha sido un día muy completo pero realmente agotador. Descubrir Montmartre ha sido fantástico, y todo lo que hemos visto en la zona de Grands Boulevards también nos ha gustado mucho. Lo mejor ha sido perdernos por las calles encantadoras de Montmartre y pasear sin prisas. Es un barrio pequeño pero muy interesante. No nos hubiera importado dedicarle un día entero en vez de tan solo una mañana. Para terminar el post os dejamos un par de fotos más que representan a la perfección todo su encanto. No podemos dejar de insistir en que ningún viaje a París estaría completo sin una visita a Montmartre.

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