Descubriendo París: Notre Dame y el Barrio Latino

Notre Dame

Nuestro tercer día en París nos espera con muchas sorpresas. Hoy vamos a conocer una de las zonas más interesantes de la ciudad, el Barrio Latino. También vamos a conocer el lugar exacto donde nació esta maravillosa ciudad, la Île de la Cité, y uno de sus monumentos más famosos: la catedral de Notre Dame. Después de un primer día paseando por Le Marais y de un segundo día descubriendo Montmartre, la jornada de hoy también parece de lo más prometedora.

Notre Dame

Île de la Cité: el lugar donde nació París

La Île de la Cité constituye el centro geográfico de París. Junto a su vecina, la Île Saint-Louis, es el corazón de la ciudad y el punto de origen de esta gran urbe. Antaño había más islas en el Sena, que también era mucho más ancho que actualmente. Pero los cambios naturales y la intervención humana terminaron por cambiar su fisonomía, permaneciendo solamente estas dos pequeñas islas que condensan la esencia de París en sus calles.

A diferencia de la Île de la Cité, la más pequeña isla de Saint-Louis estuvo deshabitada hasta el siglo XVII. Desde que se proyectó su urbanización apenas ha sufrido cambios. Por ese motivo es el lugar idóneo para admirar su homogénea arquitectura, un perfecto ejemplo del clasicismo francés propio de esa época. Es mucho menos bulliciosa que su vecina y seguro que merece totalmente la pena perderse por sus calles. Pero es algo que deberemos dejar para otra visita a París. A medida que avance la mañana nos daremos cuenta de que hemos subestimado el tamaño de estas islas y la cantidad de cosas interesantes que hay que ver en ellas. Así que ante la falta de tiempo no tendremos más remedio que prescindir de la Île Saint-Louis si no queremos quedarnos sin poder conocer el Barrio Latino.

Marché aux Fleurs: la primera parada del día

Empezamos el día cogiendo el metro hasta la parada de Cité, de la línea 4. Nos deja justo en medio de la Île de la Cité, a cuatro pasos de dos de las visitas imprescindibles que hacer en esta pequeña isla. Nada más salir a la superficie nos damos de bruces con el Marché aux Fleurs. Este mercado abre todos los días de 8:00 a 19:30 horas y en él se venden todo tipo de flores y plantas.

Nos paseamos por entre los distintos puestos y vemos que en algunos hay carteles pidiendo a la gente que no se haga fotos con sus flores. Al parecer se ha puesto de moda entre los turistas visitar el mercado y fotografiarse junto a tan colorida mercancía para luego publicar las imágenes en las redes sociales. Nos parece totalmente comprensible que algunos estén más que hartos de tanta tontería «instagramera», así que no tardamos mucho en encaminarnos a nuestra primera visita de la mañana.

La Sainte-Chapelle y sus impresionantes vidrieras

La Sainte-Chapelle (8 Boulevard du Palais) es una de las grandes joyas del gótico francés y data del siglo XIII. Sus vidrieras son una auténtica obra maestra. Como era habitual en la Edad Media, en ellas se representaban pasajes de la Biblia. De esta manera los fieles (que en su mayor parte eran analfabetos) podían «leerla» a través de esas bellas imágenes. En el caso de la Sainte-Chapelle, las escenas representadas en las vidrieras pertenecen al Antiguo Testamento. En cambio, en el enorme rosetón, que fue realizado un par de siglos después, aparecen representadas escenas del Apocalipsis.

Sainte-Chapelle

La capilla tiene dos niveles. El inferior es más austero y oscuro. En cambio, el superior os va a dejar con la boca abierta en cuanto pongáis un pie dentro y alcéis la vista hacia arriba. Cuando luce el sol el espectáculo es aún mejor, ya que los cristales refulgen y la luz se tiñe de tonos azules y rojos.

Sainte-Chapelle

Lo único malo de esta visita es que el espacio es relativamente pequeño y suele estar lleno de gente, lo que no permite disfrutar con la suficiente calma de este lugar tan especial. Pero, aún así, merece totalmente la pena. Os contaremos más cosas sobre la Sainte-Chapelle en un post exclusivo.

Conciergerie: un palacio convertido en prisión

Una vez terminada la visita, salimos nuevamente a la calle. Lo hacemos a través del patio del Palacio de Justicia, custodiado por policías armados hasta los dientes. Tanto la Sainte-Chapelle como la contigua Conciergerie formaban parte del Palais de la Cité. Este fue el hogar de los reyes de Francia hasta que decidieron trasladar su residencia al Louvre. Es entonces, a partir de 1378, cuando el edificio se convierte en el centro del sistema judicial de París. Tuvo un papel de gran importancia durante la Revolución Francesa, especialmente durante el Terror. En este tribunal revolucionario se condenó a muerte más de 2.700 ciudadanos, y en la zona del palacio convertida en prisión cumplieron condena hasta ser guillotinados. La presa más célebre en pasar por la Conciergerie fue Maria Antonieta. Su celda se ha reconstruido y en el emplazamiento original se levantó una capilla en su honor durante la Restauración.

Nosotros no visitamos la Conciergerie por falta de tiempo. Los comentarios que leímos sobre ella previamente al viaje tampoco es que la pusieran por las nubes. Por ese motivo preferimos dejarla de lado y priorizar otros monumentos de París. Si os interesa verla, sabed que podéis ahorrar algo de dinero si compráis la entrada combinada que incluye también la visita a la Sainte-Chapelle. Por separado cuestan 9€ cada una, mientras que las dos juntas os salen por 15€.

Un agradable paseo junto al Sena

Lo que sí hacemos es rodear el edificio, admirando su Tour de l’Horloge. Este reloj del siglo XIV es el más antiguo de la ciudad.

Desde aquí vamos dando un paseo junto al Sena hasta el Pont Neuf, en uno de los extremos de la isla. A pesar de su engañoso nombre, este es el puente de piedra más antiguo de París. En esta punta de la isla hay un parque tranquilo y agradable, perfecto para un picnic junto al Sena o para descansar a la sombra de sus árboles en verano. Viajando a París en noviembre nosotros buscamos justo lo contrario, así que nos quedamos un rato en el puente disfrutando del sol y las vistas. Desde aquí alcanzamos a ver la enorme cúpula de cristal del Grand Palais y el impresionante palacio del Louvre.

Río Sena
Río Sena

El trajín de barcos turísticos por el río es continuo y los coches tampoco dejan de circular por el puente. El ajetreo en este punto de la ciudad es un poco excesivo, así que optamos por adentrarnos nuevamente en la isla para conocer otros rincones más tranquilos.

Place Dauphine: un bonito rincón en la Île de la Cité

Uno de los más bonitos es la Place Dauphine. A esta hora de la mañana está prácticamente desierta y podemos disfrutar de unos momentos de paz y silencio en mitad de la ciudad. Esta plaza, igual que la Place des Vosges, fue ordenada construir por Enrique IV a principios del siglo XVII. Así como de la Place des Vosges ya os dijimos que nos parece la más bonita de París con diferencia, la Place Dauphine nos resulta encantadora y un rincón imprescindible en cualquier paseo por la Île de la Cité.

Place Dauphine
Place Dauphine

Notre Dame: una joya gótica en reconstrucción

Desde este rincón tan tranquilo vamos dando un paseo por todo el perímetro de la isla hasta llegar al punto más concurrido y agobiante de los que hemos visitado hasta ahora: Notre Dame. La plaza que se abre frente a la catedral está atestada de gente y apenas se puede ni caminar. Los vendedores ambulantes se acercan para intentar vendernos todo tipo de baratijas, que rechazamos educadamente por muy pesados que se pongan algunos. Enseguida notan nuestra total falta de interés y van en busca del siguiente turista al que engatusar.

Ahora que tenemos frente a nosotros la catedral más famosa de París (y quizá del mundo, gracias a Victor Hugo y a Disney), nos paramos un rato a contemplar su magnífico exterior.

Notre Dame
Notre Dame
Notre Dame

Aquí debemos hacer un inciso. A causa del terrible incendio sucedido el 15 de abril de 2019, la catedral ha quedado seriamente dañada. Ver las imágenes del fuego engullendo el tejado y la aguja de la catedral pone los pelos de punta y nos causó una profunda tristeza enterarnos de lo sucedido. En el momento de publicar este post aún no sabemos con certeza cuándo reabrirá Notre Dame al público. Se calcula se tardará unos cinco años en terminar las tareas de reconstrucción. Lo que está claro es que todo lo que os contemos a continuación sobre nuestra visita a Notre Dame tan solo sirve como testimonio de lo que fue este maravilloso lugar. Confiamos en que la reconstrucción de la catedral logre devolverle toda su grandiosidad. Por lo menos la fachada y las dos torres se salvaron, así como los magníficos rosetones.

Las famosas gárgolas de Notre Dame

Uno de los elementos más conocidos y representativos de Notre Dame son sus gárgolas y quimeras. En la Edad Media era de lo más habitual que iglesias y catedrales lucieran estas figuras en forma de animales, monstruos o demonios. Aunque las gárgolas no son más que desagües por los que se evacua el agua de los tejados, el diseño de estos canalones es de lo más llamativo. Las quimeras, por otro lado, son simplemente estatuas decorativas también con formas monstruosas o grotescas.

Notre Dame
Notre Dame
Notre Dame

Para contemplarlas de cerca se podía subir a las torres de la catedral, cosa que ya no será posible hasta su reapertura. Nosotros no llegamos a subir durante nuestra visita para admirarlas de cerca, en vista de las colas que había. Ahora nos arrepentimos de nuestra decisión pero ¿quién se iba a imaginar que en unos meses habría un incendio como ese?

Lo que si pudimos hacer fue entrar a la catedral, cuyo acceso era totalmente gratuito antes del incendio. A pesar de estar abarrotadísima de gente, sus enormes dimensiones y la austeridad de su interior nos sorprendieron muy gratamente.

Notre Dame
Notre Dame

Barrio Latino: el barrio estudiantil de París

Una vez terminamos con la visita decidimos adentrarnos en uno de los barrios más interesantes de París: el Barrio Latino o Quartier Latin. Situado en la orilla izquierda del Sena, este animado barrio fue durante la Edad Media el epicentro de la vida estudiantil de la ciudad. La Universidad de la Sorbonne, fundada en el siglo XIII, y el Collège de France, que se remonta al siglo XVI, son dos instituciones educativas de fama mundial situadas aquí. Precisamente gracias a estas y otras escuelas de prestigio se originó el nombre de este barrio, ya que el latín era la lengua académica.

Todavía hoy en el Barrio Latino se respira un ambiente juvenil, con estudiantes paseando por las calles o tomando algo en las animadas cafeterías de la zona. En la Place de la Contrescarpe y la Rue Mouffetard hay mucho movimiento, como tendremos ocasión de comprobar en breve. Pero nuestra visita al Barrio Latino empieza por una librería que se ha convertido prácticamente en lugar de peregrinación obligatoria para los amantes de los libros.

De camino a ella pasamos frente a algunos puestos de los famosos bouquinistes que venden libros usados y antiguos a orillas del Sena. Es una lástima ver que la mayoría han perdido su esencia y se han convertido en poco más que puestos de souvenirs para los turistas, pero aún es posible imaginar lo que debía de ser pasear tranquilamente a primera hora de la mañana entre las paradas de libros, siguiendo una tradición que comenzó en el siglo XVI y se ha mantenido hasta hoy en día.

Shakespeare and Company: la librería más especial de París

Si en general suele ser recomendable levantarse temprano para visitar un lugar sin demasiada gente alrededor, en esta zona de París se trata de algo realmente imprescindible. Tanto en los alrededores de Notre Dame como en esta zona del Barrio Latino la cantidad de gente que hay al mediodía es abrumadora.

Bastante agobiados llegamos a nuestro objetivo. La librería Shakespeare and Company se encuentra en 37 rue de la Bûcherie. Es difícil no encontrarla, ya que frente a la puerta hay congregado un verdadero enjambre de turistas. La mayoría entrarán solamente a curiosear, no en vano el interior de la tienda es una auténtica preciosidad. Pero para muchos otros la historia de este lugar es lo suficientemente importante como para querer dedicar un buen rato a recorrer todos sus recovecos sin perderse ni un detalle. De Shakespeare and Company os hablaremos con más detalle en un post especial, pero si amáis la literatura tanto como nosotros, os encantará. Eso sí, intentad ir a horas menos concurridas u os tocará hacer cola en la puerta para entrar.

Es una pena que el turismo de masas logre desmerecer de esta manera un lugar tan especial. En la puerta hay un vigilante que se encarga de regular el aforo del local. Nos toca esperar unos minutos antes de entrar, como si estuviéramos esperando para acceder a una discoteca en vez de a una librería. En el interior, los estantes repletos de libros nos reciben junto con tal cantidad de personas que se hace difícil incluso moverse. Está prohibido hacer fotos, suponemos que para que la gente circule con más rapidez y no se formen apelotonamientos. Aún así, nos saltamos con disimulo las normas y aprovechamos los escasos momentos en que estamos relativamente a solas para sacar alguna foto a toda prisa (mal encuadrada y poco nítida, eso sí).

Paseando por el Barrio Latino

Hubiéramos salido de allí cargados de libros, pero conseguimos controlarnos y comprar solamente dos. Hemos pasado casi una hora en la librería sin apenas darnos cuenta y nos ha encantado. Ahora toca seguir adelante con nuestro paseo por el Barrio Latino.

Caminamos sin prisas, parándonos cada vez que algo nos llama la atención. Nuestro objetivo es uno de los monumentos de París que más nos va a sorprender: el Panthéon. Pero para llegar hasta él no hay nada mejor que callejear un poco y dar un rodeo. Nos perdemos por las estrechas callejuelas que rodean la iglesia de Saint-Séverin. Es una zona muy turística, pero aún mantiene su encanto y es muy recomendable darse una vuelta por allí. En la rue de la Parcheminerie descubrimos una pequeña librería inglesa llamada The Abbey Bookshop. Los libros de segunda mano cubren cada centímetro cuadrado de la tienda, que es el sueño de cualquier bibliófilo.

El salón de té Odette, al final de la rue Saint Julien le Pauvre, nos parece uno de los rincones más encantadores del Barrio Latino.

Un museo con mucha historia

No muy lejos de allí se encuentra el Musée de Cluny o, lo que es lo mismo, el Museo Nacional de la Edad Media de París. El impresionante edificio del siglo XV alberga una importante colección de arte medieval con algunas piezas tan conocidas como los tapices flamencos de la Dama y el unicornio. Además, en el museo también se pueden visitar unas termas galo-romanas que se remontan al siglo I. Si creéis que os puede interesar este museo, aquí os dejamos el enlace a su página web con toda la información necesaria para planificar vuestra visita.

Tan solo tened en cuenta que el museo está en obras (que se van a prolongar hasta la primavera de 2021). No se puede acceder al interior del edificio ni al patio. No obstante, se puede hacer una visita restringida que incluye el frigidarium y los baños galo-romanos restaurados, la Dama y el unicornio y una selección de algunas obras de la colección permanente, además de las exposiciones temporales que se llevan a cabo de forma periódica. Dadas las circunstancias, el precio de la entrada se ha reducido a 5€ (9€ con las exposiciones temporales). Nosotros optamos por prescindir de la visita, así que no os podemos decir si merece la pena o es mejor esperar a que terminen las obras para admirar el museo en su totalidad.

Pasamos también junto al impresionante complejo arquitectónico de la Universidad de la Sorbona. Es la universidad más importante de Francia y una de las más prestigiosas del mundo. Es posible realizar una visita guiada, aunque hay que reservar con antelación. Aquí encontraréis toda la información práctica necesaria.

El Panthéon: un homenaje a los franceses más ilustres de la historia

Una vez frente al Panthéon llega el momento de tomar una decisión: ¿entramos o nos saltamos esta visita? El precio de la entrada es de 9€ por persona. No es mucho, pero tampoco estamos seguros de si va a merecer la pena. Después de dudar unos minutos, nos ponemos a la cola y en poco rato estamos dentro. Nada más entrar ya nos damos cuenta de que hemos acertado de lleno. Quizá sea porque no esperábamos mucho del lugar, pero el Panthéon nos sorprende muy gratamente y terminamos muy contentos con la visita.

La grandeza y luminosidad de su interior es lo primero que nos llama la atención. Bajo la cúpula se encuentra el famoso péndulo de Foucault. Con él, el físico francés demostró por primera vez la rotación de la Tierra en 1851. El que contemplamos ahora, siguiendo su hipnótico movimiento, es una reproducción del original, aunque no por ello es menos interesante.

Pero lo más especial del Panthéon no se ve a simple vista. Hay que bajar a su laberíntica cripta, en la que reposan los restos mortales de algunos de los hombres y mujeres más ilustres de Francia. Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola, Alexandre Dumas o Marie Curie son algunos de ellos. Aunque Luis XV mandó construir el Panthéon como iglesia, con el tiempo acabó convertido en mausoleo dedicado a los héroes de la patria.

Una comida sencilla y deliciosa

Una vez terminada la visita toca buscar un sitio en el que comer. Nos encaminamos al corazón del Barrio Latino, situado en torno a la animada Place de la Contrescarpe. Tanto en la plaza como en las calles de los alrededores abundan las creperías. Ya sea en su versión dulce o salada, tanto las crepes como las galettes están deliciosas. Además son una opción muy económica a la hora de tomar un bocado. En la Rue de Mouffetard, que está muy concurrida, hay un local detrás de otro entre los que elegir. Nos decantamos por Chez Nicos, del que ya os hablamos en este otro post dedicado a la gastronomía parisina.

Con el estómago lleno regresamos a la Place du Panthéon. Aún nos queda un lugar muy especial que visitar allí. Por el camino compramos un delicioso merengue de chocolate. Más tarde nos lo tomaremos como merienda sentados en uno de los muchos bancos repartidos por la plaza. Pero antes toca entrar a una de las bibliotecas más bonitas de la ciudad.

Una biblioteca muy especial

La Bibliothèque Sainte-Geneviève no parece gran cosa desde fuera. Sin embargo, en su interior esconde un auténtico tesoro. Su sala de lectura principal es una maravilla, aunque el resto del edificio no le va a la zaga. El arquitecto Henri Labrouste es el artífice de este impresionante lugar. Acerca de él y de otra de sus obras maestras, la Salle Labrouste de la Bibliothèque Nationale, ya os hablamos en este otro post. Tan solo os diremos que si sois tan bibliófilos como nosotros no podéis dejar pasar la ocasión de entrar a echar un vistazo.

La visita es totalmente gratuita y no es necesario reservar. Solamente os tenéis que acercar al mostrador que hay en el vestíbulo. Desde allí, una persona os acompañará en una visita exprés (de unos diez minutos aproximadamente). La visita incluye el vestíbulo de entrada, la escalera de honor, la sala de lectura y el gabinete de curiosidades. Por el camino os darán una breve explicación de lo que vais viendo. En nuestro caso fue en inglés. Sin embargo, nuestra guía tenía un acento francés tan marcado y hablaba tan deprisa que apenas entendimos nada.

En la sala de lectura os tendréis que quedar junto a la entrada y tan solo podréis echar un vistazo general. El objetivo, evidentemente, es no molestar a los estudiantes que están haciendo uso de las instalaciones. Para que organicéis vuestra visita aquí os dejamos el enlace a la página web oficial, con toda la información práctica necesaria.

Una difícil decisión: descartando visitas por falta de tiempo

Una vez de nuevo en la calle vamos dando un paseo hasta los Jardines de Luxemburgo. Cuál es nuestra desilusión al encontrarnos con que están cerrando ya. Nos apetecía descansar un poco y terminar de pasar la tarde en estos bonitos jardines. Pero no habíamos tenido en cuenta la hora. Los jardines cierran temprano en esta época del año, a las cinco de la tarde. Tenedlo en cuenta si tenéis pensado visitarlos, para que no os pase como a nosotros.

El agotamiento se empieza a notar. Como ya hemos comentado en anteriores posts, es un error intentar abarcarlo todo en tan pocos días. París es una ciudad enorme con muchísimas cosas que hacer, pero pretender verlo todo en tan solo 4 días es imposible y contraproducente. Así que descartamos la visita al barrio de Montparnasse y decidimos terminar la jornada en Saint-Germain-des-Prés. Las catacumbas y las vistas desde el mirador de la Tour Montparnasse tendrán que esperar a nuestro siguiente viaje a la ciudad.

Saint-Germain-des-Prés: un barrio muy literario

Ahora que ya ha anochecido paseamos por el interesante barrio de Saint-Germain-des-Prés y sus alrededores. No podemos evitar parar en la adorable San Francisco Books Co, una pequeña y abarrotada librería de segunda mano. Situada en 17 rue Monsieur le Prince, perderse por entre las estanterías atestadas de libros en inglés de todo tipo es un placer. Con un nuevo título que añadir a nuestra biblioteca personal volvemos a la calle. Aunque ha refrescado bastante, las terrazas de las cafeterías y restaurantes están llenas de gente y el ambiente es muy animado.

En Saint-Germain-des-Prés abundan los cafés literarios y las librerías de todo tipo. No en vano esta zona fue sinónimo de la vida intelectual parisina. Sin duda el café literario más famoso de todos es Le Procope. Lo encontraréis en 13 rue de l’Ancienne Comédie y es el más antiguo de París, ya que se remonta a 1686. Por él pasaron Voltaire, Rousseau o Diderot, entre muchos otros. Otros míticos cafés literarios de la zona son Les Deux Magots y Café de Flore. Este último se considera la cuna del existencialismo, ya que Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir hicieron de él su lugar habitual de reunión.

La iglesia más antigua de París

Tras callejear un poco más por allí, nos encaminamos al centro neurálgico del barrio. Se trata de la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, la más antigua de París. Es lo único que se conserva de la antigua abadía benedictina fundada en el año 543. A lo largo de los siglos sufrió varios saqueos y reconstrucciones. Durante la Revolución Francesa fue clausurada y utilizada como prisión. Después se convirtió en un almacén de salitre, un componente empleado en la fabricación de la pólvora. En 1794 una explosión hizo saltar por los aires 15 toneladas de este material, causando gravísimos daños.

Afortunadamente, en el siglo XIX se llevaron a cabo las obras de reconstrucción que le dieron su aspecto actual. Pero las tareas de mantenimiento nunca terminan del todo, como pronto descubrimos. La iglesia está de reformas y su interior está prácticamente en su totalidad cubierto por telas y andamios. Podemos echar un vistazo a la nave principal, pero nos quedamos sin ver la tumba donde está enterrado René Descartes.

Con esta última visita damos por terminado un día de lo más completo e interesante. Hemos conocido algunos de los rincones más conocidos y populares de París, pero todavía nos quedan algunos de sus monumentos más importantes por descubrir. Nuestro último día en la ciudad promete ser muy intenso. Nos retiramos al hotel a tomarnos un merecido descanso antes de enfrentarnos a una nueva jornada maratoniana de turismo.

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